La Historia de Jenn

Jenn Wolff necesitaba cirugías adicionales para cambiar la bomba, pero aun así optó por conservarla.

Redactar una tesis de graduación es un proceso agotador para cualquier persona pero hacerlo con altas dosis de baclofeno y Zanaflex mientras se lucha contra espasmos implacables no es lo más recomendable para facilitar la tarea. Esa es la situación en la que se encontró Jenn Wolff en 2005. Ocho años más tarde, dice que apenas recuerda la experiencia, gracias a los múltiples efectos secundarios que tuvo su cóctel oral contra la espasticidad.

Sus médicos sugirieron que una bomba de baclofeno podría solucionar sus problemas y, a la vez, reducir los efectos secundarios. Después de una prueba exitosa mediante una punción lumbar, Wolff, quien era una parapléjica incompleta debido a un tumor de la médula espinal, decidió seguir adelante con la bomba.

Luego de la hospitalización obligatoria de una noche posterior a la cirugía, Wolff volvió rápidamente a la normalidad. “Ni siquiera recuerdo el período de recuperación posterior porque fue intrascendente”, dice. “Al principio [la bomba] marcó una enorme diferencia… Número uno, podía concentrarme y no tenía tanto sueño, y además relajó mis músculos lo suficiente como para permitirme volver a entrenarlos en ese momento”.

Una reaparición del tumor de la médula espinal en 2006 cambió el estado funcional de Wolff de incompleto a completo. Con el cambio, la espasticidad de Wolff disminuyó naturalmente y la bomba ya no marcó una gran diferencia. Sin embargo, Wolff conservó la bomba (que puede ser extraída). Realizó su reemplazo de los siete años a comienzos de este año. El médico determinó que el catéter se había desprendido, por lo que se necesitaba otra cirugía para insertar uno nuevo. Si bien Wolff dijo que el reemplazo del catéter no fue demasiado difícil, tuvo Staphylococcus aureus resistente a la meticilina durante el procedimiento, por lo que necesitó otra cirugía para limpiar la herida.

 

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