La Historia de Chris

“Las mejores dos horas de mi vida por el momento”. Así es como Chris Casiez describió las mejoras significativas que vio con su espasticidad durante su ensayo de selección con baclofeno intratecal. Una respuesta positiva a una dosis de prueba de baclofeno intratecal durante el ensayo de selección es uno de los primeros pasos para determinar si alguien es un posible candidato para el implante quirúrgico de una bomba de baclofeno, algo que Chris buscaba desesperadamente debido a que su espasticidad grave no respondía a la terapia ni a los medicamentos.

Aproximadamente un año antes, Chris había sufrido una lesión de la médula espinal (spinal cord injury, SCI) incompleta de la T8 provocada por un accidente automovilístico. Chris no vio una mejoría significativa en su recuperación hasta unos 6 meses después de su lesión. Sin embargo, el aumento de la función motora también produjo una mayor espasticidad que empeoró con el tiempo. La espasticidad de Chris llegó hasta el punto de que ni siquiera podía estirar sus piernas sin un gran esfuerzo. Los músculos de su cadera y del tendón de la corva se contraían, lo que elevaba sus rodillas enérgicamente hasta el pecho y llevaba sus pies hacia la cola. Incluso era muy difícil que otra persona pudiera estirarle las piernas.

Debido a la espasticidad, le resultaba particularmente difícil acostarse y dormir. Hubo momentos en los que durmió en su silla de ruedas, con la cabeza apoyada sobre una almohada arriba de la mesa, porque era muy difícil dormir en una cama. Los espasmos también le producían dolor. “Era como tener un calambre constante”. Obviamente, debido a todo esto era prácticamente imposible dormir bien por la noche.

La espasticidad de Chris también afectaba su capacidad para trasladarse correctamente e impulsar su silla de ruedas. Tenía clonos que deslizaban sus pies fuera del apoyapiés de la silla de ruedas. También tenía espasmos graves cuando subía una pendiente o el cordón de la calle con la silla de ruedas y quedaba inclinado hacia atrás en ella. Siempre tenía que asegurarse de tener las barras antivuelco de su silla de ruedas hacia abajo o esta podría darse vuelta. Además, la espasticidad dificultaba mucho cualquier tipo de terapia para caminar.

Esto continuó así durante un año aproximadamente. Durante este período, Chris probó con sesiones de fisioterapia, ejercicios de estiramiento y extensión de sus articulaciones, calor y compresas frías, así como con el uso de un bipedestador combinado con estimulación eléctrica. La estimulación eléctrica y el bipedestador ayudaron un poco, pero no mucho y el estiramiento fue muy doloroso. En última instancia, ninguna de las terapias que Chris probó fue muy eficaz. Chris también probó diversos medicamentos orales para la espasticidad, como baclofeno, tizanidina (Zanaflex), diazepam (Valium) y gabapentina (Neurontin). Utilizó este régimen de medicamentos durante varios meses, pero este no pareció hacer ninguna diferencia. Chris sintió que los medicamentos lo “atontaban” en gran medida, y los espasmos y el dolor no desaparecían.

Fue en este punto que un médico mencionó la bomba de baclofeno como una posible opción de tratamiento. Una bomba de baclofeno puede ser una opción en esos casos de espasticidad grave que no se controla con medicamentos orales o cuando el paciente tiene efectos secundarios producidos por tales medicamentos. Chris tenía sentimientos encontrados sobre la idea. Realmente quería hacer algo en cuanto a su espasticidad, pero al mismo tiempo era escéptico sobre tener algo implantado en su cuerpo. Sin embargo, al final se decidió por el procedimiento.

El primer paso fue el ensayo de selección donde el médico probó si la espasticidad de Chris mejoraba con baclofeno intratecal. Para Chris la respuesta fue espectacular, con una disminución significativa en sus síntomas de espasticidad. El paso siguiente fue la cirugía para implantar la bomba de baclofeno. Después del procedimiento, Chris fue internado para su rehabilitación. Chris notó una diferencia inmediata después del implante de la bomba: “el cambio fue espectacular”. Finalmente pudo extender sus piernas y ya no sintió el dolor de sus espasmos. Por fin pudo dormir cómodamente.

Chris también logró un mayor movimiento que había quedado enmascarado por su tono muscular y la espasticidad. Ahora era capaz de centrarse en el fortalecimiento de sus piernas y en los siguientes dos meses pudo comenzar a caminar en un andador con aparatos ortopédicos en las piernas. “Los espasmos estaban enmascarando la posibilidad de maximizar mi recuperación”.

Además de la bomba de baclofeno, Chris también empezó a recibir inyecciones de toxina botulínica (bótox) en los músculos de las pantorrillas para mejorar la amplitud de movimiento en sus tobillos y ayudar a colocar sus pies en posición plana. Recibe inyecciones de bótox cada 3 meses aproximadamente. Sin las inyecciones se pararía sobre las almohadillas de los pies y le resultaría aún más difícil caminar sobre el suelo.

Chris sigue la terapia por su cuenta. Camina en su casa y va al gimnasio donde usa aparatos para las piernas y se centra en ejercicios de empuje, extensión y flexión de piernas. “Trabajo mucho, 5 o 6 días por semana. Los ejercicios disminuyen el avance de la espasticidad. Cuanto más me ejercito, más leves son mis espasmos. Antes de tener la bomba, era imposible hacerlo”. Además, Chris ahora tiene un empleo de tiempo parcial. Cree que la bomba realmente marcó una diferencia y le permitió volver a trabajar.

Chris dice que su espasticidad no ha desaparecido por completo. Todavía tiene un alto tono muscular en las piernas. Considera que este tono lo ayuda a estar de pie y disminuye la atrofia muscular en sus piernas. Sin embargo, ya no tiene problemas para dormir ni dolor en las piernas por los espasmos.

Chris no se arrepiente de haber recibido la bomba de baclofeno y la recomienda a las personas que tienen problemas similares. “[La bomba de baclofeno] es una bendición”.